Emiliano Zapata: La vida y el legado del icónico líder de la Revolución Mexicana por Charles River Editors

September 15, 2019

Emiliano Zapata: La vida y el legado del icónico líder de la Revolución Mexicana por Charles River Editors

Titulo del libro: Emiliano Zapata: La vida y el legado del icónico líder de la Revolución Mexicana

Autor: Charles River Editors

Fecha de lanzamiento: May 14, 2017

Número de páginas: 40 páginas

Editor: Charles River Editors

Obtenga el libro de Emiliano Zapata: La vida y el legado del icónico líder de la Revolución Mexicana de Charles River Editors en formato PDF o EPUB. Puedes leer cualquier libro en línea o guardarlo en tus dispositivos. Cualquier libro está disponible para descargar sin necesidad de gastar dinero.

Hace poco más de cien años un campesino mexicano llamado Emiliano Zapata reclutó un ejército rural de las plantaciones y pueblos del sur de México, tomó por la fuerza las tierras de los haciendas y comenzó a repartirlas entre los habitantes de Anenecuilco, su pueblo natal en Morelos. Indignado y encolerizado por el despojo que los terratenientes habían venido efectuando durante años contra los pueblos indígenas, había decidido tomar la impartición de la justicia en sus propias manos. Su bandera era la de Libertad y Justicia, exactos opuestos de los dos flagelos que azotaban a la clase campesina: trabajo en la semiesclavitud y tropelías sin fin.

Emiliano Zapata, que en unos cuantos años logró reunir un ejército popular de 25 mil hombres, era una caso único en la historia de México: la historia de su país había sido la de generales oportunistas dando cuartelazos buscando no hacer justicia, sino adueñarse del poder. A Zapata no le interesaba el poder ni la política, excepto en su forma más práctica e inmediata: repartir tierras, hacer que los campesinos pudieran cultivarlas en paz y defender esa conquista elemental con la fuerza de las armas. No es raro que en su tiempo se le haya visto como a una amenaza, a quien debía liquidarse para poder recuperar la paz y el orden. Admirado en nuestros días como símbolo de la resistencia campesina y luchador social, en vida Zapata fue perseguido tenazmente, declarado como un forajido más allá de toda amnistía. Cuando pudieron, los sucesivos gobiernos no dudaron en aplicar toda la brutalidad posible contra los zapatistas y sus pueblos, incluyendo mujeres y niños. Para la gente de la capital no eran más que unos semi-bárbaros. Sin embargo, rodeado de algunos intelectuales de izquierda, socialistas y antiguos anarquistas, Zapata dio forma a la corriente ideológicamente más avanzada y progresista de la Revolución Mexicana. “Quiero morir siendo un esclavo de los principios, no de los hombres” y “La tierra es de quien la trabaja con sus manos” son frases que se le atribuyen, aunque él mismo no sabía escribir y tenía que dictar sus cartas. En este sentido, sus palabras eran más peligrosas que las conquistas militares que su Ejército Liberador del Sur alcanzó durante un breve periodo. Zapata era tan pernicioso para el gobierno que cuando finalmente lo emboscó y asesinó, se aseguró de que los habitantes de la región se pusieran en fila para ver su cadáver.

Aparte de sus soldados indígenas vestidos de manta, Zapata no tuvo aliados. Otros caudillos ganaron cierta respetabilidad, pero a él la sociedad de su tiempo lo vio como un obstáculo para la pacificación del país en los mejor de los casos; en el peor de ellos, era el “Atila del Sur”, un violador de mujeres alrededor del cual se tejieron historias descabelladas. Hubo una notable excepción: Francisco Villa, el otro gran líder de la Revolución, quien vio en las ideas de Zapata lo que él quizá no podía formular. Desde el inicio de la guerra civil, Villa y Zapata fueron el símbolo de la Revolución Mexicana, héroes populares, mitos vivientes, las dos caras de una misma moneda, expresión de la misma rabia. En otros sentidos, eran lados opuestos. Villa venía del norte, Zapata del sur. Villa era impulsivo, carismático, el consentido del cine norteamericano, buen diplomático e inmensamente popular; Zapata era huidizo y huraño, sin dotes diplomáticas y más bien temido por la gente fuera de los límites de su estado.

Raramente era visto, fotografiado o filmado; detestaba la ciudad y la política, a la que consideraba un nido de traidores. Llegar a una entrevista con él requería pasar muchos retenes y viajar por caminos inaccesibles en las montañas. Demostró un interés casi exclusivo por su región, y se enfocó en un solo ideal, el de la tierra. A diferencia de Pancho Villa o Venustiano Carranza, no le interesaba un programa nacional que cobijara a todas las clases sociales, sino una sola bandera: Reforma Agraria, Tierra y Libertad para los campesinos.